Villa a Villa. Santibáñez de Valcorba (1982)

Hoy reproduzco en este blog un artículo publicado en el diario “El Norte de Castilla” el domingo 24 de enero de 1982 y que mi padre llevó durante 17 años en su cartera recortado y cuidadosamente doblado.

Villa a Villa. 1982/01/24

Villa a Villa. 1982/01/24

Se trata de la sección dominical “Villa a Villa” donde Antonio Corral Castanedo junto con el dibujante Juan Palencia retrataron todos los pueblos de la provincia de Valladolid desde 1980 en diario “El Norte de Castilla” y que ese 24 de enero le tocó el turno a la localidad de Santibáñez de Valcorba.

<Inicio de la transcripción>

En las penumbras de un sobrado, que tiene la ventana abierta, cuelgan numerosas ristras de chorizos. «Tienen que secarse y orearse. Y, para esa misión, lo que precisan es de las heladas. Este tiempo metido en humedades lo retrasa todo y la matanza, de estas maneras, tarda en curarse». El hombre contempla con sentimiento la fachada de su casa, en donde el bodegón de la matanza reciente inventa curvas y turgencias rojizas. «A los chorizos les ocurre lo que a las personas, que para hacerse bien deben ir madurando de poco en poco, sin sobresaltos ni precipitaciones…».

De Traspinedo a Santibáñez hay una distancia corta. En lo que fuera frontera o tierra de nadie han ido brotando edificaciones de uno y de otro pueblo, hasta unirles prácticamente. «Mira que nos hemos llevado siempre mal —nos comenta un hombre—. Siempre queriendo quedar por delante los unos de los otros. Y, escucha por cuanto, va a llegar el momento en que los dos pueblos, aún siendo diferentes, van a estar más juntos y más arrimados que dos enamorados. De eterno hemos andado al pique y no había quien lo remediara. Los de Traspinedo tenían toros en las fiestas y en Santibáñez no les había. Y ¿qué se imagina usted que hacían los mozos de allí? Pues se llegaban hasta las fiestas de Santibáñez y había alguno que se disfrazaba de toro, «Cagancho» le mentaban para más señales; y todos hacían un cerco en torno, como en burla y para desazonarnos. Claro que siempre terminaba por haber algún palo y algún estropicio. ¿Cree usted que era para menos? Que llegaban pidiendo limonada, en sabiendo divinamente que no la iban a catar, y cortaban la luz y todo lo derramaban, pues, no había más ley que ponerles una soga cruzada y disimulada en el camino, para que no se apercibieran y para que, al levantarla, cayeran los grupos de mozos, al igual que sacos… Cuando queríamos incordiarles, por lo que presumían, les decíamos: «los de Traspinedo, en blanqueta y tiritando». Blanqueta, para que lo entiendan, era la camisa blanca. Que se quedaban en mangas de camisa, para chulear. Claro que el «Cagarruto», el cuidador de las mulas, no era de Traspinedo, sino de aquí mismo, y nunca llevaba chaqueta. Ahora que no se crea, que la sangre no llegaba con fuerza al río… El pique, que a veces era pero que muy picado y con exageración, nos servía, después de todo, como entretenimiento…».

Hacia Aldealbar y Cogeces, por el Caserío Valcorba, nace el arroyo del mismo nombre. Un arroyo que tenía, cerca del pueblo, un molino y fuerzas para trabajarle. Un arroyo lento y pacífico que, en ocasiones, de tan quieto, parece como si se moviera hacia atrás. Quizá imitando a los cangrejos, que en su cauce se multiplicaban en abundancia. «Antes, este arroyo era el paraíso de los cangrejos. Ahora, de ser algo, es su cementerio. Porque, hasta los que aparecen, tal que estuvieran ya muertos, aburridos o enfermos. No sé qué coños le ha sucedido a este puñetero arroyo, de un tiempo a esta parte…».

El hombre nos acompaña en nuestro recorrido, por las calles y los rincones del pueblo. «Si no les acarreo molestia, con ustedes que me voy». El hombre camina deprisa a nuestro. lado y, de vez en cuando, se adelanta para detenerse. Nos ve llegar y nos dice: «Aquí, sí no yerro, vivía «el Oceáno». Era tal que analfabeto; de letras, nada. Pero, de que barruntaba lluvia, iba y soltaba: «Va a llover y el agua viene ya por el Oceáno Atlántico». Por eso le decían «el Oceáno». «Oceáno, oye». «Oceáno, escucha». Y el hombre, con razón y una miaja de paciencia, decía: «no me jode que me llamen «Oceáno», lo que me jode es el retintín que se marcan al decirlo».

«¿Ven ustedes aquella casa? Pues allí vivía Leandro Amo. «El tío de la O». Y es que de blasfemias y de palabras malsonantes, nada de nada. Lo único que decía, para purgarse cuando le daba la rabia o le cogía la indignación, era «¡me cago en la O!», pero sin que de ahí pasara y sin que quisiera mentar nada santo. Era muy respetuoso con todo y más con lo de arriba». «Ve tal que ahí estaba la cuadra en donde otro Leandro, el señor Leandro Calvo, encerraba a sus dos burras. La «Tana» y la «Nurra» las llamaba. Y, verle y escucharle trillar con ellas, era como escuchar una copla. Si viera usted de cuantas maneras y con cuantas músicas decía los nombres de los animales. Parecía tal que si cantara…».

El hombre nos muestra también la casa en la que cree que vivía Isabel Berzosa. Cada año arrojaba a los pies de la Virgen del Rosario un puñado de las almendras que había cosechado en el año anterior. «Era como un agradecimiento y hasta que murió lo hizo. Era igual que una granizada, pero sonaba a dulzura». «Ahí, si no me confundo, vivió Francisco Tejero, que ocultaba los dineros debajo de una baldosa. Unos desalmados le cogieron por su cuenta y le metieron la cabeza en un pozo hasta que les confesó donde guardaba todo. Le dejaron la baldosa vacía».

En Santibáñez había grandes haciendas. «Y elegantes, sépalo. Que existía quien iba a arar o a trabajar el campo con vestimenta de capital y con zapato fino. Y no le quiero decir nada de. cómo iban las mulas y de los arreos de gala que llevaban. Había señores y señoritos que daba gloria, pero alguno que otro lo era de aspecto tan solo. Yo trabajaba en unas tierras en las que el capataz llevaba una tralla, le juro que no exagero. El señor, como era más mirado y más fino, en vez de tralla llevaba una vara. Y, ¡ay de quien se metiera en las tierras a espigar! ¡Pobre de él! Trabajar era lo de antes, no lo de ahora. Así que, de tanto trabajar, llegas a viejo con la sangre tan exprimida y zurrada que no te da más que pesares».

Hasta el pueblo callado, hasta el pueblo con resonancias de pozo hondo, llegan como un susurro, como una cantilena apagada. Quizá procedan de la Fuente de los Resillos, allá en el páramo de «La Patilla», hasta donde en la Pascua se acercaban las familias y los amigos, para comer el hornazo o la «colección». «¿Que a qué se llamaba la «colección»?, pues a los dulces y a los alimentos que se reunían y que todos aportaban».

Al abandonar el pueblo, cuando nuestro acompañante nos deja, otro hombre nos contempla. «Mi casa está en pie, porque la vivimos y eso la alimenta. Pero, ya habrán visto algunas, más bien mermadas. Claro, como no las cohabitan, se van desmoronando de acongojadas y de solas». «¿Y qué le parece a usted —le preguntamos a lo largo de la conversación— eso de la Democracia?». El hombre nos mira con desaliento. «La Democracia, la Democracia… pues que antes, cuando uno tenía dientes, no tenía qué comer. Y ahora, que podría uno comer, pues ya es tarde, porque no tengo dientes». Su mujer, que se ha asomado a la puerta, nos pregunta con voz dulce: «¿No serán ustedes de Madrid? Porque allí tiene una servidora un tío carnal». El hombre la examina compadecido y tierno. «Le tenía —nos aclara— murió hace ya muchos años». «¿No serán de Valladolid? —insiste la mujer—. Porque allí vive otro tío de una servidora». «Vivía —exclama el hombre—. Murió lo menos hace diez años. La pobre no tiene bien el riego, de lo mucho que ha trabajado; más que un hombre. Y, ya ven, se cree que está en unos años que ya no están. Y se imagina que todo sigue igual. Después de todo. es una suerte… La cosa es que ella sí que siga conmigo, y lo que hace falta es que Dios le conserve a uno lo poco le queda y que es más que suficiente…».

El arroyo Valcorba, afina el estertor de sus aguas, se torna más lento y silencioso, al acercarse a Santibáñez. Quizá porque el viejo molino —que lo único que muele es el sol deslucido y maltrecho de este día de enero— le hace una señal, para que no perturbe el sueño despierto del pueblo.

<Fin de la transcripción>

Antonio Corral Castanedo

Antonio Corral Castanedo

Antonio Corral Castanedo (Valladolid 1932-2005), licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid, en el año 1956 inicia su asidua colaboración en “El Norte de Castilla” llegando a dirigir en 1970 la sección crítica de arte, en el año 1975 es elegido Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Narrador, ensayista, conferenciante. En 1985 obtiene el Premio Miguel Delibes en narrativa y en 2003 la Diputación Provincial de Valladolid le otorga el Premio ‘Provincia de Valladolid’ a la Trayectoria Literaria.

Aquello que apareció en entregas en los primeros años 80 del siglo XX en “El Norte de Castilla” fue editado por el propio Corral Castanedo en tres volúmenes entre 1984 y 1985 en la obra titulada “Villa por villa: viaje a los pueblos de Valladolid” y que fue objeto de una reedición por parte del Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valladolid en 2005 condensada en dos volúmenes.

Portada

Y en la que según Joaquín Díaz « […] el escritor y académico hacía un retrato histórico, etnográfico, social, de todos y cada uno de los pueblos de Valladolid manteniendo el tono poético y equilibrado que caracterizaba su estilo literario, tantas veces alabado y premiado. Villa por villa dio en su momento al género periodístico –apareció por entregas en El Norte de Castilla– una altura ejemplar y se constituyó en herramienta de trabajo imprescindible para quien quisiera adentrarse en la Castilla misteriosa –a medias joya y a medias ruina– que atesoraba en sus surcos, muchas veces sin saberlo, esa semilla valiosa y regeneradora que cautivó a poetas y escritores de varias generaciones».

Anuncios

Acerca de Jorge Mozo

Concejal de la localidad vallisoletana de Santibáñez de Valcorba. Archivero
Esta entrada fue publicada en Cultura, Gente, Historia y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s